Cuando creía que estaba fuera, me vuelven a meter dentro.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Recopilación de Pandilocuras

Las pandilocuras se presentan en los lugares y momentos más inesperados, aunque por ahora todas han coincidido en mi casa y cuando me aburría.

Son de alguna forma habitantes de un universo paralelo. Un escenario incómodo, esotérico, donde conviven las pesadillas y el humor rancio de mercadillo.


1. Breve relato sobre un ventilador



2. La nevera

 

3. Gag genérico con cuchilla de afeitar

 

martes, 28 de mayo de 2013

Risoterapia Ectoplasmática

Fui sorprendido por una ráfaga de granizo mientras estaba en el Retiro, así que me resguardé bajo uno de los edificios, no sé exactamente cuál  el Palacio de Velázquez, y esperé a que pasase. Justo a mi lado, y juro que todo esto es cierto, me encontré con un altavoz solitario; no sabía de dónde venía ni qué hacía ahí fuera. A través del altavoz se podía escuchar una pista de risas pregrabadas. ¿Qué se supone que significa eso? Un altavoz en medio de ninguna parte, reproduciendo risas para nadie en particular. La simple idea es terrorífica, y da pie a diversas teorías.

Una sesión de risoterapia a la que nadie acudió. Una especie de desagüe metafísico a donde van a parar todas las risas que nos contenemos y no soltamos. Las almas del público de la primera serie de televisión, condenadas a reír eternamente. No tengo ni idea.

Grabé el momento en video para dejar constancia de este extraño fenómeno.





domingo, 14 de abril de 2013

Idea para artista callejero



Las estatuas humanas son, disculpen la redundancia, humanos que fingen ser estatuas. El éxito de este antiquísimo arte callejero es la capacidad del humano de mantenerse quieto como si fuese un objeto inerte. Mi idea da un giro de tuerca (de exactamente 180º grados) al concepto de estatua humana, un pequeño truquillo para ahorrar dinero y tiempo: estatuas que fingen ser humanos que fingen ser estatuas.

Y mientras usted está disfrutando de la comodidad de su casa, la estatua que finge ser humano que finge ser estatua está en la calle ganándose las monedas por usted. Lo único que debe hacer es volver al final de la jornada y recoger los beneficios.

Es peligroso, sin embargo, jugar con estos conceptos ya que se corre el riesgo de crear un bucle infinito en el que la estatua finge ser un humano que finge ser una estatua que finge ser un humano que finge ser una estatua, como la serpiente que se muerde la cola.

lunes, 25 de marzo de 2013

Teletienda



Los actores de doblaje en los anuncios de teletienda no tienen ojos. Los anunciantes se los sacan de las cuencas con una cuchara antes de entrar a grabar.

¿Por qué esta práctica tan atroz? Los anunciantes no quieren que los actores de doblaje vean lo que están anunciando, para evitar que se rebelen en medio del spot publicitario y adviertan a los espectadores del fraude.

Es por eso que a los actores no les queda más remedio que decir aquello de "por el increíble precio que aparece en pantalla" (no tienen ni idea de la cifra que aparece, ahora son ciegos), rezando por no sonar ridículos y que el precio sea efectivamente increíble.


sábado, 23 de marzo de 2013

Maniquíes




Los maniquíes son, en efecto, trozos de plástico inerte que posan en los escaparates de las tiendas de ropa, pero eso no quiere decir que siempre fuese así. De hecho, el origen de los maniquíes es de lo más tétrico.

Un maniquí no es más que una persona que ha encontrado la postura perfecta. Ese estado en el que la ropa y el cuerpo se fusionan en armonía, creando una nueva entidad indivisible. Un momento de perfección trágica, pues al encontrar la posición que mejor le sienta, es imposible cambiar de postura. ¿Quién se atrevería a volver a la mediocridad habiendo alcanzado la perfección, el absoluto?

Después de unos días, el sujeto muere y lo que queda del cuerpo se endurece como una costra. Es entonces cuando las tiendas de ropa rescatan el cadáver y lo exhiben públicamente.





domingo, 17 de marzo de 2013

La prueba de que Dios existe




Al fin, tras tantos años de incertidumbre, de desacuerdos y de enfrentamientos, alguien ha conseguido demostrar la existencia de Dios. El fotógrafo ha captado la imagen más codiciada de la historia de la humanidad. Es, efectivamente, el Todopoderoso, y así es como luce:







Lo que pasa es que se ha pasado con el tiempo de exposición y la foto sale quemada.






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sábado, 12 de noviembre de 2011

El séptimo sello

La muerte es un tema delicado. Seguramente sea el problema más antiguo al que se haya tenido que enfrentar jamás la raza humana, y seguramente sea el único problema que no consiga resolver nunca. La gente intenta vivir sin prestarle mucha atención, incluso se inventan mundos imaginarios para calmar el miedo; también hay otros que claman "aceptar la muerte como algo natural", no les preocupa y están preparados. Pues claro que es natural, pero no deja de ser el fin del camino, y es imposible no asustarse con semejante perspectiva.

Efectivamente, El Séptimo Sello va sobre la muerte. Pero también sobre la vida, la religión y los pequeños detalles que hacen que el camino que he mencionado antes haya valido la pena (las fresas y el tazón de leche, la redención de Blovk al ayudar a escapar a sus amigos...). Para hablar de temas tan extensos en apenas noventa y seis minutos, Ingmar Bergman, que es un listillo, reduce la realidad a sus apartados más simples. Y qué mejor momento histórico para poner en práctica esta simplificación que en la Edad Media, donde todo de por sí era muy básico. El escenario contiene los elementos principales: estratificación social, religión (la vía de escape de una vida miserable), amor, arte y, por supuesto, muerte, que tiene dos caras: la de un hombre vestido de negro con una guadaña en sus manos, y la de un asesino invisible, la Peste Negra que asolaba Europa por aquel entonces.

Y Antonius Blovk cae justo en medio de ese escenario. El noble caballero que durante tantos años ha luchado en la Cruzadas, ahora busca respuestas a las preguntas que más le atormentan, a él y a todos nosotros. Blovk, en la primera escena, poderosa e increíble, reta la Muerte a una partida de ajedrez, en la que si él gana obtendrá todas las respuestas que quiere. Gran metáfora de la vida, en el fondo una partida de ajedrez que nadie ha conseguido nunca ganar.

Bergman no está preocupado en mostrar la Suecia medieval de forma realista, ya que es solo una excusa para explayarse en sus inquietudes personales. ¿Pedante? Un rato. Pero en parte es necesario que lo sea, para alejarse aún más de la realidad, y consecutivamente acercarse a la literatura y la poesía, con las que comparte muchas cosas. Totalmente poética es la puesta en escena: la luz, los gestos de los personajes, los escuetos pero magnéticos escenarios (¡la playa!), la música. Y la mirada de Blovk, solemne y cansada.

Mucho más da para comentar esta película, pero hay que saber cuando parar para no caer en esa práctica cínica que es el hablar de lo que no se entiende. Os enumero unas escenas que siempre volverán a mi mente cuando alguien mencione El Séptimo Sello:

  • El tablero de ajedrez en la playa. No solo por lo poderoso de la imagen, sino también por lo que representa: la marea que te deja en el punto de partida, confuso, y solo pudiendo ir hacia delante.


  • Los procesión de los penitentes que se azotan a sí mismos para aplacar la ira de Dios. ¿Crítica al cristianismo? No estoy seguro, pero Nietzsche estaría escandalizado. 



  • Los viajeros, sentados alrededor de la mesa. Alguien llama a la puerta. Y aunque nadie lo dice, todos saben quién es el que está al otro lado. Un primer plano que se va abriendo mientras todos miran a la puerta. ¡Y esa música premonitoria! Impresionante.


Director: Ingmar Bergman
Guión: Ingmar Bergman
Año: 1957
Reparto: Max von Sydow, Gunnar Björnstrand, Nils Poppe, Bibi Andersson

Ah, para los que hayáis visto la película, os dejo este enlace a una crítica de filmaffinity que dice que todos los personajes son en realidad la misma persona. Francamente interesante. Lo podéis leer pinchando aquí.